Mi vida, tengo que admitirlo, te fallé.
Pienso en como disertábamos - cuando la gente se ama la discusión no se llama por su nombre - acerca de los temas mas banales: desde la posición de la mesa hasta el canal que se vería a las 9 de la noche, desde mis discos favoritos a tus libros de autoayuda. Recuerdo cuando quemabas la comida y despues decías que la receta era así, que el quemado le daba ese gustico "ahumado" que tanto te gustaba. Tu primera tarjeta de crédito, la cual raspaste el dia de tu cumpleaños como si supieras que ibas a morir en seis meses o que te ibas a ir a vivir a Boswana. Aquel apartamento baratísimo (10 millones menos) que no quisiste comprar porque la cerámica del baño era roja. El jugo que me servias todos los días a pesar que sabias que yo no soporto la lechosa. Cuando descubri que le arrancabas un boton a cada camisa mia que no te gustaba. Tambien recuerdo como decías que yo era un pitcher malo, a pesar de haber ponchado nueve jugadores en fila en la inauguración del torneo.
Es por eso que no entiendo, cómo al lanzarte la botella directo a la cabeza, te fallé.
(Hilado mientras escuchaba "No seré feliz, pero tengo marido" con Mimí Lazo.)

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