Un dia, de esos donde el calor hace que se callen hasta los insectos, ella escucho una voz, o lo que creyó que era una voz, cuando caminaba hacia a la cocina.
- "Cuidado"
Se detuvo, moviendo la cabeza con cara de extrañada y una sonrisa irónica. No habia mas nadie en la casa y la voz no era de ella.
"Cuidado" volvio a escuchar, dicho por una voz queda y tibia.
Movió la cabeza en varias direcciones, ubicando el origen de la voz.
- "Cuidado"
Sus ojos no daban crédito a lo que escuchaba. La voz venía de la vela. Primero afloró una sonrisa banal sobre su rostro, sonrisa que cambió a rictus cuando escucho de nuevo:
- "Cuidado... con el muchacho de camisa negra"
- No puedo creerlo !
- "Ahora, cuando bajes a comprar jugo, un muchacho de camisa negra te va a atracar"
- Me debo estar volviendo loca
- "Escucha por favor, no digas absolutamente nada distinto a esto: Tu novia no esta enferma, te esta mintiendo para que salgas a atracar"
- Tu novia que?
- "Tu novia no esta enferma, te esta mintiendo para que salgas a atracar"
- "Si no dices exactamente esto, vas a morir"
- Necesito Aire!
Salió azorada de su casa, pensando en conversaciones con velas y en donde quedaba el manicomio mas cercano. No parecía muy lúcida en el espejo del ascensor.
- Lo que me faltaba... ahora las velas me hablan.
Caminó hasta la panadería, iba a pedir un jugo, pero recordó lo que la vela dijo y miró a su alrededor en búsqueda de alguien de camisa negra. No vió a nadie y se rió de su estupidez, aunque pidió un café -que no se tomó- solo por llevar la contraria. Pagó, y al salir de la panadería, un muchacho de camisa negra le dijo:
- No digas nada y dame la cartera
- No puedo creerlo! - Alcanzó ella a gritar.
El silencio ya no existe, y la calle se convirtió en un mar de gritos, mientras arriba, en el piso 3 y con una lágrima de cera derretida, una vela se apaga.

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