Siempre tenia una sonrisa, aun en los dias mas frios.
Caminaba con la mano al aire, como sosteniendo una taza y con los hombros bajos, muy bajos. Pero siempre estaba sonriendo. A pesar de ser un hombre sin camisa, no titiritaba, solo sonreia.
A veces, se sentaba en la calzada a observar tranquilamente a los perros del vigilante. Se acomodaba una colcha imaginaria sobre su desnuda espalda, y se llevaba el puño cerrado a la boca y bebia. Si pudieran verlo sabrian que ese viejo, alli en la calzada, estaba mas caliente y cubierto que cualquiera de nosotros con abrigo. Habia aprendido a combatir el frio y el hambre con imaginacion. Por eso caminaba con su colcha y su taza a cuestas, permitiendose un calor que solamente el podia sentir.
Un dia una vecina, de esas que se portan bien solo en navidad, le bajo una hallaca caliente y un jugo. El viejo la miraba, y con una sonrisa asentia mientras movia los hombros para que su colcha no interfiriera con su comida. Movio su mano como para dejar la taza en el suelo, y al lado de la taza, dejo el vaso de jugo.
Comió sin desesperacion. Despues de cada bocado sonreia y masticaba. Segun el, desde el dia anterior no comia caliente, aunque no recordaba lo que habia comido, sabia que estaba caliente y aromatico. Ah! que aroma el de esa cena.
Cuando termino el plato, tomo el vaso de jugo y lo levanto hacia donde el sol estaría si las nubes no cubrieran el cielo. Mirandolo recordó su pueblo natal, los desayunos a las 5 de la mañana, las escapadas al patio con su prima, las botas sin trenzas y las medias rotas. Bebio del vaso como si haciendolo viajara en el tiempo. Y se quedo asi, recostado a la pared, con el ultimo sorbo a flor de labios y la cabeza estirada hacia el cielo, recibiendo con una sonrisa las primeras gotas de lluvia de la tarde.
Un vaso real cayó donde antes se había colocado una taza imaginaria.
