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La culebra

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Una vez en casa de mi tia abuela en Casanay, Edo Sucre, el menor de mis hermanos (8 años) llegó gritando al patio donde estaba toda la familia tomando y jugando dominó.

.- Una culebra, una culebraaaa.

.- Donde mijito? - preguntó mi tía

.- En la cocina

Salimos corriendo a buscar la bendita culebra, despues de cinco minutos llego mi hermano diciendo.

.- ¡Ya!.Gracias a Dios se la comió esa gallina.

Mi hermano tiene 32 años. Y todavía los primos lo joden.

Recordado por culpa de Kbulla

El milagro secreto

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Esta mañana, José iba al trabajo como todos los días. El frío mañanero y un poco menos de gente en el metro le indicaban la inefable proximidad del 24 de Diciembre. Se detuvo donde siempre a comprar el desayuno habitual: dos empanadas y un jugo. Y llegó como siempre a la mesa del comedor de la oficina donde, como todos los días, desayunaba.

El desayuno no le supo tan bien, quizás producto de una gripe de esas que él llama yo-yo, y que regresa cada cuatro o cinco días segun sus propios cálculos. Al mal paso darle prisa, asi que devoró las empanadas y el jugo sin siquiera disfrutarlos, casi como un autómata.

Comprimió las bolsas donde estaban las empanadas en un movimiento de manos hasta que se hicieron una sola pelota de papel y plástico, luego volteó su silla y dirigió la mirada al pote de la basura. Gris, rectangular, delgado y a tres metros de distancia, retaba a cualquiera que, como José, haya jugado baloncesto en alguna oportunidad. José tomo las bolsas -ahora pelota- en sus manos, y pasándolas por sobre su cabeza hizo el lanzamiento. Las bolsas hicieron un arco perfecto y entraron en el pote.

Es bueno saber que no se ha perdido el tiro, pero, ¿y si fué un golpe de suerte?. Tomó el envase de cartón - huesos de lo que un día un jugo fué - y con el mismo movimiento lo lanzó. El cartón, directo y sin preguntar, entró perfecta y sonoramente. José se sentía con suerte. Ya dos de dos era bastante, así que su suerte debería acabarse dentro de poco. Tomó un sobre de correspondencia bancaria y lo lanzó. Unos cubiertos de plástico y un envase vacío de agua mineral le siguieron. Todos sin excepción entraron.

José estuvo capcioso por unos instantes. Ni en sus mejores tiempos, y por muy bueno que fuera su baloncesto, hubiese logrado tal cantidad de aciertos consecutivos. Pensó un rato si el pote de la basura sería una especie de "agujero negro" tragando todo en sus cercanías. Así que se acercó, y dejó caer un papel apuntando al lado del pote, jugando a fallar. El papel cayó al piso.

Mas tranquilo, recogió el papel y se sentó de nuevo en su puesto, con la certeza de que fallaría el próximo lanzamiento. Para su asombro, el papel lanzado recorrió la misma ruta que los objetos anteriores. Inquieto, tomó un cd entre dos de sus dedos, lo lanzó sin siquiera apuntar. También entró. Un libro de bases de datos, un marcador, una caja de cd, una engrapadora y un vaso desechable de plástico. Todos, sin importar peso o volumen, entraron.

Miró a su alrededor, maldiciendo las leyes de la fisica, pero en especial a la desconocida ley que estaba operando esta especie de milagro. Encontró un teclado de computadora dañado, se ubicó a cuatro metros de distancia, y lo lanzó. Con el ruido generado se acercaron los compañeros de oficina a preguntar que pasaba y a preguntar porqué había tirado ese teclado en el pote de la basura. José no supo que contestar, sólo les pidió que vieran lo que tenía pensado hacer. Tomó una hoja, la arrugó y la lanzó al pote.

Ni siquiera golpeó al pote de la basura. Pegó de la pared y rodó de vuelta hacia donde José estaba.

Arriba, Diós decidió descansar, luego de haber jugado un rato con un mortal para sacarse el aburrimiento.

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