El sol había sido implacable esa mañana. Casi se podía ver las almas
cocinandose dentro de los cuerpos. Era una mañana atipica de un dia
atipico.
La ruta era simple, sin altibajos. Cuatro cuadras hacia el oeste y
una hacia el sur. Bajando por el estacionamiento de una famosa cadena
de comida chatarra se llega a la avenida. Miles de pequeñas erupciones
mojaban su piel. El sudor lo venció una vez mas a pesar de sus
ejercicios de concentración y respiración. Mirando su ropa húmeda se
lamenta y maldice en silencio.
Mientras espera en la avenida el cambio del semáforo observa a una
mujer que no encajaba con el paisaje. Camisa de cuero - casi cosida a
la piel -, pantalon de cuero, botas, sobretodo, lentes y, lo que mas
llamaba la atencion, fresca. Estaba insoportablemente fresca.
Mirando de un lado a otro, verificando si el único que tenía calor
era él, se dispuso a chequear a las personas alrededor. Él estaba
sudando copiosamente, la señora del kiosko de periodicos estaba
abanicándose. El policía se secaba la frente con un pañuelo. Quien no
estaba sudando por lo menos tenia la cara brillante de calor.
Cuando la luz cambió, todos los que estaban esperando se dispusieron
a cruzar. La mujer de cuero, fresca aún, iba un poco adelante de los
demás. Quizas por eso no se dió cuenta del automóvil que siguió de
largo. "!Cuidado!" fue lo unico que se alcanzó a escuchar mientras el
automóvil (no recuerda la marca) frenaba y ella daba un salto hacia
atras, y lo hacía colocando un pie en la trompa del carro e
impulsándose.
Se elevo quizas cuatro metros hacia atras, con los brazos estirados
y una pierna recogida. Al principio pensó que el choque la habia
llevado hasta esa altura, luego se dió cuenta que ella estaba en
perfecto control de sus movimientos.
Cuando ella descendió, como a nueve metros de distancia, todos le
gritaban al chofer del carro y lo ofendían, mientras el policía sacaba
del bolsillo trasero una libreta. Él, miraba la escena absorto e
indignado, porque ninguno de los que vio el accidente preguntaba por el
estado de salud de la mujer. Ella se acercó caminando como si nada
hubiera sucedido y le dijo al oído: "Ya puedes comenzar a creer".
Luego de eso tomo su teléfono, dijo dos palabras en voz baja y desapareció.
*************
Yo estuve parado alli, bajo el sol , como tres minutos. El carro ya
no estaba, y el policía se me acercó para preguntarme si me sentía bien.
Tuve que narrarlo de esta manera para que lo leyeran hasta el final.
Esto que acaban de leer, me sucedió precisamente hoy en la mañana.
Ahora pueden llamarme loco, están en su derecho.